En los tiempos que corren el empresario nos aprieta

En estos años de crisis muchos han aprendido lecciones de un gran valor, pero si alguien lo ha hecho de manera excepcional han sido las empresas. Ellas, con sus beneficios a costa de los trabajadores que casi tienen que pedir perdón por trabajar. Está claro que las empresas nos contratan y nos pagan, pero no es ni gratis ni haciéndonos un favor a ninguno. Se supone que el trabajo es un derecho plasmado en la Constitución.
Este derecho se ha visto menoscabado por muchas PYMES y grandes corporaciones sedientas de dinero, y entiendo con esto que las empresas han de ganarlo pero no nos están dando la vida con ello; solo nos utilizan para ganar dinero.
Con todo esto el trabajador ha llegado a temer tanto por su puesto de trabajo que es capaz de dejar de lado la solidaridad y hasta de quitar de en medio a quien desee arrebatárselo. Por no hablar del tiempo que no pasan con su familia, haciendo horas que no cobrarán jamás; de esto no se habla cuando nos dicen que hay que ayudar al empresario.
Este temor está quedando de tal manera arraigado en su espíritu que el trabajo diario ya no es simplemente una herramienta de producción, sino una especie de esclavo, un cuerpo y una mente sin derechos. Todos y cada uno de nosotros necesitamos en parte trabajar y, como bien dice el dicho “Trabaja para vivir y no vivas para trabajar”.
En mi humilde opinión, la empresa debería ayudar al trabajador no asustándolo continuamente, sino ayudándole a estar cómodo y que no crea que su situación es precaria por la situación en la que vivimos.
Antes se creía que el trabajador era parte de un proyecto de futuro, un bien para todos y para que todos pudieran ganar con ello, y eso está creando un desanimo generalizado en todos nosotros.
Hacen con nosotros lo que quieren, pasándose los convenios reguladores por lo alto sin pensar en derechos. Ahora quieren una reforma laboral importante, más aún, sin proteger nuestros derechos. Y la excusa perfecta es la crisis y que en otros países de la UE también se hace.
Hoy en día hay en la cola del paro millones de personas que harían lo que fuera por un puesto de trabajo, pero ¿a costa de qué? Nada les podemos echar en cara. Es totalmente lógico que quieran darle de comer a sus hijos y a las personas que a su cargo están, pero hemos de darnos cuenta que nos harán pagar un alto precio por ello. No olvidemos que se consideraba un “derecho”.
Haciendo las cosas como debes con una responsabilidad del trabajo por el que te pagan no deberían exigirte más por ello, pero no es así: se presiona el trabajador hasta que lo que hace esta supeditado al miedo, no a las ganas por trabajar.
¿Que se pretende con esta presión constante? Que se haga un esclavo permanente del miedo y que sea un cordero en manos de un asesino de derecho inalienables. Las diferentes técnicas de miedo y temor nos disminuyen como “ser humano” para sacarnos partido a los viejos y nuevos esclavos. No debemos dejar que nos sigan inculcando esto. Debemos seguir las riendas de nuestro pensamiento con derechos que nuestros antepasados hicieron palpables.

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